Pamplona, 27 feb (EFE).- El reciente acuerdo entre la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, y los agricultores que habían sido imputados por dirigirle insultos machistas ha vuelto a poner de actualidad el sistema de justicia restaurativa, un recurso en el que el objetivo no es el castigo, sino la reparación del daño.
El pasado mes de enero, el proceso judicial abierto a este grupo de agricultores concluyó con un acuerdo para la difusión de un comunicado en el que los denunciados se disculparon públicamente con la presidenta y reflexionaron sobre lo sucedido.
El servicio de justicia restaurativa del Gobierno Foral es gestionado desde que salió a concurso en 2018 por la Asociación Navarra de Mediación (ANAME) mediante un equipo interdisciplinar formado por seis 'facilitadoras', como les gusta denominarse en la asociación. Es un equipo compuesto por cinco mujeres y un hombre.
ANAME gestiona actualmente la justicia restaurativa en los partidos judiciales de Aoiz y Pamplona en todo tipo de delitos y, en ocasiones, algunos casos de Tafalla, Tudela y Estella-Lizarra, que también cuentan con sus propios equipos.
Un espacio seguro y confidencial
La función de las 'facilitadoras', ha explicado a EFE la coordinadora del equipo de ANAME, Maite Virto, es la de acompañar a las partes "ofreciendo un espacio seguro y confidencial donde puedan expresar su relato del conflicto, cómo se han sentido, y exponer las necesidades que tienen a futuro".
"Acompañamos dando una visión amplia del conflicto. Somos grandes preguntadoras para ayudar a reflexionar a las partes e ir explorando las necesidades que tiene la víctima y la parte ofensora o agresora, qué puede ofrecer para reparar el daño", ha resaltado.
No les falta trabajo a los mediadores y mediadoras en Navarra. Durante 2024 la asociación ha intervenido en 637 asuntos, de los que 421 han sido casos recibidos el año pasado y el resto, de 2023.
De ellos, en 224 asuntos se ha intervenido y un 84% se han cerrado con resultado positivo. En el resto no se ha iniciado el proceso restaurativo porque las partes han rechazado la invitación, porque no han sido localizadas o porque se han archivado el caso antes de iniciarlo.
La mayoría, delitos de lesiones y amenazas
La mayoría de los casos que llegan a la mediación son de lesiones y amenazas, aunque también se derivan algunos del ámbito de la familia, tanto denuncias de padres a hijos como de hijos a padres. Aunque es menos frecuente, también llegan delitos de odio, contra el medio ambiente o tentativa de homicidio.
A la justicia restaurativa no se derivan asuntos de violencia de género porque lo prohíbe la ley al considerar que en estos casos hay una desigualdad de poder y un vínculo emocional entre las partes que puede afectar al proceso.
Las facilitadoras, ha afirmado Virto, buscan sobre todo que la víctima se sienta escuchada y pueda rebajar sus niveles de ansiedad: "Solo el hecho de poder compartir y expresar la vivencia del daño que ha recibido ya es sanador, es terapéutico".
Además, la víctima puede escuchar una explicación de por qué la parte denunciada se comportó así con ella y hacerle directamente preguntas sobre lo ocurrido.
Para la persona denunciada, ha destacado, "el poder ser consciente de que ha causado un daño y responsabilizarse, el poder pedir perdón, ser perdonado y perdonarse a sí mismo, es un proceso muy transformador y restaurativo".
Acuerdos tan variados como las víctimas
Los acuerdos a los que se llega en la justicia restaurativa son tan variados como víctimas hay, ya que cada una de ellas tiene necesidades diferentes. "Lo bueno que tienen estos procesos es que la creatividad y la imaginación está al servicio de las partes", ha declarado Virto.
Suele ser muy habitual la petición de perdón, de disculpas, pero "no hablamos de este perdón instrumental que tenemos en el día a día, sino de un perdón reflexionado", ha enfatizado la facilitadora, quien ha subrayado que "el perdón tiene que llegar a la otra parte", a veces en un encuentro personal o mediante una carta. También es frecuente una reparación económica, que sería la misma que se valora en el juicio.
Pero hay muchas personas, ha señalado Virto, que a la parte económica "no le dan el menor valor" y se ha llegado a "reparaciones más simbólicas". Así, en ocasiones se ha zanjado el conflicto con parte del producto de la matanza del cerdo, con pasteles o destinando el dinero de la reparación económica a entidades que trabajan con personas vulnerables.
También se han dado acuerdos resueltos mediante un voluntariado en un comedor social o una protectora de animales e incluso a veces el denunciado ha invitado a la víctima a comer.
En el acta de la mediación se recogen también acuerdos a futuro, como un compromiso de distanciamiento, de respeto, de no acudir a determinados lugares o la forma en que se van a relacionar las partes, por ejemplo en disputas vecinales. "Eso da mucha seguridad a las personas cuando se reencuentran", ha indicado.
Talleres de diálogo restaurativo
La labor de las facilitadoras se puede extender además a la fase de ejecución de la pena, lo que se llama 'diálogo restaurativo'. Así, se llevan a cabo talleres, tanto en el centro penitenciario de Pamplona como en la sede de ANAME, con grupos de quince personas a las que les han sustituido la pena por trabajo en beneficio de la comunidad.
En este proceso se desarrolla un taller de trece sesiones grupales y tres individuales en el que se trabaja el reconocimiento, la responsabilización del daño y la empatía, entre otros aspectos.
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